Sexologa Clinica

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Psicoterapeuta.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Besos, abrazos, caricias disfruta del sexo y entrénate para mejorar

Con tu boca y con tus manos, te guiamos para que puedas recorrer el cuerpo de tu amante, sin olvidar las zonas más eróticas. Hay consejos para mujeres y hombres… ¡Imperdibles!

besos

Las caricias y los besos son tan importantes como el cunnilingus o la felatio. La estimulación de los labios y de la mucosa oral induce un fuerte sentimiento de conexión.

Cerrar los ojos durante el beso ayuda a concentrarse en las sensaciones que produce, condición necesaria para adentrarnos en la primera dirección que tiene el vínculo sexual: conectarnos con nosotros mismos. La atención autoerótica en el adulto reproduce el desarrollo de la sexualidad desde el comienzo de la vida: descubro y reconozco mis placeres para luego abrirme al otro. En esta interacción dinámica entre uno mismo y el otro se basa todo vínculo sexual.

El refinamiento de la conexión incluye dar y recibir con un conjunto de prácticas que nos complace y complace al otro. Cuando se abandona este delicado equilibrio y la balanza se orienta hacia los extremos, la conducta varía entre el egoísmo (estar centrado en el propio placer) y la necesidad por complacer (centrado en el placer del otro).

Revanchas: cuando la cama es un ring

Escuchamos de muchas mujeres casadas o en pareja: “él no me besa”. Así como de ellos nos llega el clásico: “no quiere que le bese los pechos, y ni hablar de pedirle que me bese el pene”. Cuando investigamos en detalle la intimidad de la relación sexual nos damos cuenta que las diferencias no solo se asientan en inhibiciones personales, sino también, y en gran medida, en la revancha por no hacer lo que al otro le gusta: “si no me besás no te hago sexo oral”.

Una cosa trae la otra, sobre todo cuando en las relaciones sexuales se dirimen cuestiones de poder que no pueden resolverse fuera de la cama. El encuentro íntimo puede convertirse en el Edén del placer (con manzana de la tentación incluida) o en un ring donde se ajustan temas de dominación y resistencia a la sumisión. En un escenario de acuerdo, tanto la mujer como el hombre, alternan sus roles para dar y recibir placer.

Consejos para el hombre

* Recorrer suavemente, primero con los dedos y luego con la mano, las diferentes partes de la región pelviana (la entrepierna) de la mujer, sugiriendo empezar de afuera hacia adentro: desde la cara interna de los muslos hasta los labios mayores, desde el abdomen hasta el monte de Venus (sobre la pelvis, el sector que se cubre de vello).
Las caricias pueden acompañarse con besos en la boca, en el cuello, recorrer los senos, la areola mamaria y los pezones.

* La mujer puede invitar, con movimientos corporales, gemidos o palabras, a que el hombre permanezca en esa zona por el placer que le produce. La lubricación femenina ayuda a recorrer los labios menores, el clítoris y a la exploración suave con los dedos del interior de la vagina.

* El clítoris debe ser estimulado desde la base y no desde la punta, porque la alta sensibilidad de la zona puede generar irritación.

* El uso de lubricantes íntimos a base de agua, sean los comunes o los que poseen L-arginina (son vasodilatadores, dan calor y mayor sensibilidad), ayudan al contacto, sobre todo en aquellas mujeres con problemas en la lubricación.

* La introducción de los dedos en la vagina, o el uso de un dildo (consolador), haciendo presión en la parte superior de la vagina puede provocar el orgasmo por acción sobre el punto G.

* No debemos olvidar la región de la nuca, la espalda, los glúteos y la parte dorsal de muslos y pies.

* El ano también puede recibir los beneficios de las caricias. El esfínter y la mucosa anal están muy inervados, por lo que su estimulación despierta sensaciones muy placenteras. El camino intermedio entre la vagina y el ano es también una zona muy sensible a los estímulos táctiles y orales, tanto en la mujer como en el hombre.

Consejos para la mujer

* Podés montarte sobre él, besarlo, recorrer con tu lengua su cara, cuello, tórax, abdomen, mientras tus dedos acarician sus muslos hasta acercarse a los testículos y al pene.

* Los hombres también tienen una alta sensibilidad en los pezones, en las axilas, la cara interna de los muslos, entre otras áreas. Es importante detenerse en esas zonas corporales y variar la presión y el ritmo para provocar distintas sensaciones.

* Más allá de la felatio (sexo oral) y el recorrido genital, el intermedio entre los testículos y el ano puede generar mucho placer. Para algunos hombres el ano es zona vedada al placer por la connotación homosexual que aún posee. No saben lo que se pierden por prejuiciosos y por sostener esa pauta absurda del machismo. Si la mujer se aventura en esos terrenos y el hombre permite tan grata intromisión, el placer obtenido puede ser superior a otras prácticas, tanto para el hombre como para la mujer. ¿Por qué decimos esto? Por lo menos existen dos motivos fundamentales: el goce que deriva de la sensibilidad de la región y la ruptura de un mito que ayuda a disipar las diferencias que interpone la virilidad a ultranza. La mujer que estimula a su hombre en el ano y este disfruta, tiene que tener también la “cabeza abierta” para no detenerse en falsas creencias.

Rápido, lento, suave, fuerte…

Las caricias por todo el cuerpo deben cambiar de intensidad a medida que el juego progresa y los niveles de excitación aumentan. Y como “sobre gustos no hay nada escrito” a algunos/as les gusta más suave, a otros más fuertes y están los que combinan las intensidades pasando del frenesí a la calma placentera.

Los momentos de calma permiten encontrar pausas dentro del juego erótico, sin perder nada de lo que se viene logrando. Por el contrario, un recurso valioso es suavizar para brindar placer y rotar la experiencia para que cada uno disfrute de las sensaciones brindadas por el otro.

Las caricias en los genitales recorriendo cada una de sus partes anatómicas introducen a los amantes en la dimensión de un goce alto. Dependerá de las habilidades de cada uno para convertir estas regiones del cuerpo en fuente de exquisito placer.


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