Actualmente, el sexo anal es una de las prácticas sexuales más extendidas en las parejas. Existen estudios que revelan que, hoy en día, mujeres y hombres confiesan disfrutar del sexo anal. Incluso en algunos países de Latinoamérica la práctica es realizada por el 20% de las mujeres y el 24% de los hombres, siendo la práctica más común tras el sexo vaginal y el oral.
¿Existen riesgos por practicar sexo anal?
El ano es la vía de eliminación de varias formas de microorganismos parasitarios, bacterianos y virales, un factor de gran importancia epidemiológica en el entendimiento de la transmisión de enfermedades. Algunas de las más importantes son la poliomielitis, la teniasis, la ascariasis y el cólera.
La mucosa rectal es frágil y sensible a las infecciones por virus y bacterias. La mucosa absorbe las sustancias depositadas en el recto, fenómeno aprovechado para la administración de medicamentos, como es el caso de los supositorios. Esta capacidad de absorción puede aumentarse involuntariamente mediante una penetración brutal, que puede provocar pequeñas micro heridas y ocasionar hasta hemorragias. Por tanto, es un terreno propicio para la propagación de infecciones de transmisión sexual (ITS, antes llamadas “enfermedades de transmisión sexual” o ETS), ya sean virales como el VIH (virus de inmunodeficiencia humano), el papiloma humano (VPH), todos los tipos de hepatitis (a excepción de la hepatitis A) los herpes genitales y otras también famosas pero de causa bacteriana como la gonorrea, la sífilis y otras, incluso en el caso de que no haya eyaculación.
¿Qué debo hacer?
En consecuencia siempre se aconseja la práctica del sexo anal utilizando un condón (la penetración sin condón es también muy arriesgada la persona «activa»).
Si la práctica de la penetración o sexo anal se efectúa sin condón, en todo caso es —aunque parezca obvio— imprescindible el máximo nivel de higiene del ano y del recto, así como del pene en el momento de la penetración.
La higiene es importante para una buena salud del ano y para la práctica del sexo anal.
El cuidado normal facilita que exista una hidratación natural que permite que la piel que le rodea esté suave y elástica.
Lubricación
Contrariamente a la vulva y la vagina, el ano y el recto no segregan lubricación natural que facilite la relación sexual. Tampoco estos músculos tienen una elasticidad que les permitan dilatarse naturalmente. Por ello puede haber desgarros y fisuras anales.
Por este motivo, cuando se practica sexo anal, debe usarse algún lubricante para facilitar la penetración.
Relajación del músculo del ano y dilatación del esfínter
Como normalmente el músculo del ano (esfínter anal) se encuentra cerrado, el sexo anal podría ser doloroso si previamente no se tiene la precaución de distender este músculo. La aplicación del lubricante debe conllevar su morbo y su parte de excitación sensorial. . Es necesario usar una técnica de dilatación progresiva para ir logrando una dilatación cómoda del esfínter antes de penetrarlo.
La penetración anal exige generalmente la elección de un ángulo apropiado, pues el ano es más apretado y menos flexible que la vagina.
Y a todo esto ¿es bueno o malo?
El placer procurado por el coito anal no sólo deriva de las sensaciones físicas, sino también de las subjetivas («romper un tabú», por ejemplo) y, según el psicoanálisis, también de una reminiscencia de la fase o estado anal.
Finalmente esta práctica debe realizarse en confianza  y siempre que ambos (la pareja) estén de acuerdo y tomen las medidas adecuadas y los cuidados pertinentes.