Sexologa Clinica

Sexologa Clinica
Psicoterapeuta.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Lo quiero dejar pero estoy confundida

Los errores a evitar en el camino a la libertad
Cuando lo quiero dejar, pero no puedo, este no poder se perpetúa con varios errores que comete la persona que quiere salirse de la relación que solo hacen que la maraña de emociones,  sensaciones y pensamientos que la atan a la relación se enreden más y sea más difícil cada vez más lograr sentirse libre para salirse o quedarse en la relación de una manera sana.

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Algunos de los errores más comunes que se comenten en el proceso son:
  • Hablar de más: intentan explicar a la otra persona lo que hace mal para que vea sus errores o hacerlo entrar “en razón”, dan información innecesaria a la otra persona acerca de sus planes de salirse de la relación o dan mensajes confusos (“ya no quiero estar con vos” y a los tres días “intentémoslo”)
  • La fantasía de que un evento externo me va a animar a dejarlo: Una persona sana sabe  cuándo cortar una relación y lo hace. Por el contrario, las personas en estas relaciones empiezan a pensar que necesitan que algo externo y extremo pase para animarse a salirse de la relación. Esta fantasía hace que la persona desarrolle la compulsión de andar buscando pruebas (especialmente en el caso de infidelidades) o con la obsesión constante de construir razones suficientes para lograr vencer el miedo de emprender un camino sola.
  • Obsesionarse con el otro: Cuando yo me obsesiono con otra persona, me desconecto de mí misma. La tendencia en estos casos es enfocarse en que él dice, él hace, él piensa y yo solo reacciono a esto. Esto genera que yo me desconecte de mi propia infelicidad e incomodidad. Para eso no necesito argumentos, indicios ni pruebas. Si yo estoy infeliz e incómoda en ésta relación, no me gusta la vida, no necesito más razones ni pruebas ni eventos para salirme de la relación.
  • Hace una y otra vez lo mismo: amenazar con dejarlo sin dejarlo, decirle que se vaya cuando no se va a ir, encararlo con las pruebas de infidelidad sin hacer nada con ellas más que pelearse, creer en otra promesa más de cambio cuando la otra persona no va a cambiar.
  • Aferrarse a la esperanza de que él va a cambiar: si uno tiene la vida que quiere (haciendo lo que yo quiero, teniendo las mujeres que yo quiera, donde yo mando, etc.) entonces, ¿para qué voy a cambiar? Pero si yo tengo una vida miserable, donde estoy infeliz, donde siento coartada mis libertades y donde me maltratan, la que se tiene que abrir a cambiar soy yo.
  • Es que “pobrecito”: Esta frase refleja una arrogancia porque solo el que está mejor que otro puede verlo como “pobrecito” y falta de prioridades porque logramos ver que “pobrecito” el otro pero no vemos el “pobrecito” yo.
  • ¿Seré yo la loca?: Muchas veces este tipo de relaciones donde abunda la violencia psicológica viene además plagada de mentiras. La tendencia es a que la interacción en la relación se vuelva un juicio constante con acusadores y acusados (“vos sos un infiel”, “vos sos una loca”). Esto es increíblemente desgastante y finalmente, un ejercicio vacío que solo termina haciendo que la persona pierda la confianza en sí misma, en sus instintos y razonamientos. Adicionalmente, tiende a desenfocar de lo que está pasando (la violencia, el control excesivo, el maltrato, la infelicidad), todo para lo que no necesita pruebas, basta con como yo me siento.
  • Pretender que la separación sea amistosa: cuando le relación es violenta, es una torpeza pensar que la separación va a llevar otro tono. Ahí la separación tiene que ser completa, radical y de raíz. Y es más fácil salirse uno a que se salga el otro.
  • Después de la separación, continuar en comunicación: si uno sigue en comunicación, él se va a portar tan lindo, va a prometer tanto que eventualmente voy a caer. Si ya logró salirse y quiere quedarse afuera, cero comunicación. Si no la gente no logra mantenerse firme en su decisión.
  • Intentar hacerlo sola: Uno necesita alguna red de apoyo. Un grupo de autoayuda (CODA, AL-ANON), terapia, familia, amigos. Alguien que te ayude a  lograr hacer lo que querés y sabés es lo mejor para vos.

Test: es amor o solo sexo?

Cuando salimos con alguien, pero no nos sentimos seguras de dar el siguiente paso… ¿qué sentimos realmente por esa persona?

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¿Estás a gusto con tu relación o es hora de terminarla? Analízalo antes de tomar cualquier decisión.
No importa si ese “siguiente paso” es el matrimonio o el noviazgo, tenemos que averiguar qué es lo que sucede con esa relación y si estamos dispuestas a avanzar más o dejar las cosas como están. Haz este test y averigua qué hacer al respecto:
Es viernes por la noche. Tú…
a. Me voy con mis amigas a bailar y a beber. Como a las 2 a.m. le marco para ver si puedo llegar a su casa para tener una noche de pasión.
b. Voy con el chico en cuestión a un bar y nos quedamos platicando horas y horas. Si las cosas van bien, regresamos a su casa y lo hacemos, ¡amo su compañía!
c. Vamos a una fiesta con sus amigos, ¡jamás me atrevería a presentarle a los míos!

Si hay una comida familiar…
a. Voy sola y después me escapo para verlo y salir con él.
b. Lo invito, pero lo presento como mi amigo, ¡no somos más que eso!
c. Para nada lo invito, mi familia me mata si se entera que estoy saliendo con alguien así.

En el sexo…
a. ¡Es el mejor que he tenido! Me encanta ponerme sexy con él.
b. Me satisface muchísimo, pero lo mejor es el acariciarnos y platicar después.
c. Es delicioso y me encanta, ¡pero fuera de la cama no somos funcionales!

En una cita…
a. Me divierto a medias, pero es tan guapo que no me importa.
b. Me súper divierto y no puedo esperar a volver a salir con él.
c. ¿Citas con él? Jajaja… ¡para nada! Sólo nos vemos en su casa o en la mía para tener sexo.

Sus amigos opinan…
a. Les caigo bien, pero equis, nada especial.
b. Me llevo perfecto y algunos hasta se han convertido en mis cuates.
c. Nunca me los ha presentado.

Y tus amigas…
a. Les da lo mismo, no creen que sea alguien para mi.
b. ¡Lo aman! Dicen que es perfecto y que soy una payasa por no estar segura de querer una relación con él.
c. Una vez lo invité a una fiesta, pero ni platicó con nadie.

¿Han hablado de exclusividad?
a. Sí, pero decidimos seguir saliendo con más personas.
b. Somos exclusivos.
c. No, ¡para nada!

Respuestas
MAYORÍA DE A: Tal parece que el chico en cuestión te gusta, pero no te convence al 100. Quizás deberías replantearte qué quieres en tu vida, si algo relajado y sin preocupaciones o un noviazgo formal. Si es la segunda opción, busca a alguien más.
MAYORÍA DE B: ¡Este chico te encanta! Y no sólo porque es guapo, sino porque tienes una conexión intelectual con él. Piensa bien las cosas, quizás sea una gran opción para novio. Cuida esa relación y aviéntate al ruedo cuando estés 100% segura.
MAYORÍA DE C: Tú no quieres una relación con este chico, sólo quieres sexo y al parecer él también. Quizás tengas algunas ideas románticas en la cabeza, sin embargo esta persona no te inspira tantos sentimientos como para cambiar de parecer y sentar cabeza.

¿Has salido con alguien sin sexo de por medio?

martes, 9 de diciembre de 2014

La pregunta que podría cambiar nuestra sexualidad

A menudo escuchamos que la buena comunicación es la base del buen sexo. ¿Pero qué tratamos de comunicar en realidad cuando decimos que nos comunicamos con nuestra pareja? 

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Comunicarse es un proceso complejo donde, muchas veces, ponemos el énfasis en la parte en que decimos lo que queremos en lugar de escuchar lo que el otro (por ejemplo, nuestra pareja) desea. Ser asertivo y pedirle al otro lo que deseamos de él o ella es solamente la mitad de la ecuación; la segunda parte está en escuchar y hacer lo mismo por él o ella.

Cuando estamos conociendo a una persona, saliendo o hemos tenido pocos encuentros, o incluso cuando llevamos mucho tiempo teniendo sexo con alguien al grado de que nos preocupe la monotonía, existe una simple pregunta que puede plantearse formal o informalmente, con estas u otras palabras, y cuya respuesta probablemente nunca sea la misma: “¿cómo te masturbas?”

Puede tratarse de una pregunta, pero también de una invitación.

Es una pregunta que asume que el otro es un ser sexual, independientemente de nosotros. Que respeta y busca conocer la forma en que el otro se da placer a sí mismo(a), además de que nos permite ser todo lo gráficos o reservados que necesitemos ser. Describir la forma en que nos tocamos puede ser un juego de calentamiento sumamente excitante en sí mismo, sin contar con que el deseo se alimenta de las imágenes que recibe.

Solemos escuchar: “nadie me toca tan bien como yo”, o “nadie sabe lo que le gusta sino uno mismo.” Entonces, ¿por qué no escucharnos a nosotros mismos, por qué no pedir y dar aquello que sabemos que nos gusta? ¿Porque esperamos que el otro lo adivine mágicamente o porque (y esto es lo verdaderamente escalofriante) ni siquiera nosotros mismos sabemos lo que nos gusta?

Una pregunta del tipo “¿cómo te das placer a ti mismx?” es un acercamiento legítimo en otros aspectos: puedes proponer la pregunta y, si tu pareja no sabe qué decir, puedes poner el ejemplo: detalla lo que disfrutas y hazle notar lo que no. A veces los relatos más eróticos pueden venir de una forma franca y descriptiva de comunicación; sin intermisión del lenguaje poético, dos seres humanos se están conociendo a través de sus cuerpos y de lo que hacen con ellos cuando no hay otros cuerpos presentes, es decir, cuando están solos. Conversaciones así pueden invitar al otro a compartir nuestra propia soledad, permitiéndonos una via franca hacia ellos y de regreso. En términos óptimos, eso debería ser la comunicación (y el buen sexo): un camino de ida y vuelta.