Sexologa Clinica

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Psicoterapeuta.

viernes, 24 de octubre de 2014

7 errores que destruyen tu relación con un hombre

Ya sabemos que nadie es perfecto y que amamos y nos relacionamos como buenamente podemos. Por suerte, la experiencia nos ayuda a saber qué comportamientos juegan a nuestro favor y cuáles destruyen nuestras relaciones. Pero hombres y mujeres somos muy distintos y además las cosas son más fáciles en la teoría que en la práctica. Es por eso que, a veces, ni las lecciones aprendidas ni la mejor voluntad bastan para evitar desencuentros, peleas y desastres en la pareja.
Esta es una lista de los 7 comportamientos más destructivos que puedes adoptar en tu relación con un hombre. Repásalos, coméntalos con tus amigas, cuélgalos en tu nevera… Es inevitable cometer errores y tener momentos nefastos, pero ten presente que si tu forma de relacionarte habitualmente con tu pareja es como aquí se describe, a la larga tu infelicidad y la de él están garantizadas.
Así que comencemos por echarle sentido del humor y una dosis de humildad, y repasemos esas conductas que ellos detestan en una mujer y muy especialmente en aquella con la que conviven o con la que mantienen una relación estable:
No permitirle que te ayude. Es decir, comportarte como una mujer que no solo se cree autosuficiente, sino que está convencida de que hace las cosas mejor que él. Por lo tanto, te esfuerzas en demostrarle que no le necesitas y no pierdes ocasión para decirle o insinuarle que no sabe hacer nada bien, solo porque tiene una forma distinta a la tuya de cocinar o cambiarle los pañales al bebé.
Ignorarle. Dejarle fuera de las decisiones importantes en tu vida (como cambiar de trabajo o de horario laboral) e incluso de las que les atañen a ambos. Esto también incluye hablar con tus amigas o con tu familia de los problemas personales o los asuntos de pareja en lugar de discutirlos con él.
Mostrarle tu peor cara. Te sientes insatisfecha con tu vida en general y muy especialmente con la relación entre ambos, y no dudas en demostrárselo cada día con caras largas, mal humor, comentarios negativos, actitud de víctima y quejas acerca de lo que no tienes o no funciona, en lugar de enfocar tu pensamiento en lo que marcha bien o en encontrar soluciones creativas.   
Criticarle. Y también corregirle, contradecirle e incluso burlarte de él, no solo en privado sino especialmente en público. Cómo no, también criticas a sus amigos, sus compañeros de trabajo, su familia, sus gustos y cualquier cosa o persona que pertenezca a su entorno. Procuras no elogiarle porque piensas que no se lo merece o que se va a creer mejor de lo que es.
Compararle. Con el hombre ideal que tienes en tu cabeza (que por supuesto nunca se equivoca y satisface todas tus necesidades), con tus ex, contigo misma e incluso con tus amigas. El caso es que él siempre sale perdiendo, desde tu punto de vista.
Hablarle con dureza o ambigüedad. Siempre en segunda persona del singular (“Tú eres”, “Tu haces”, “Por tu culpa”) y por supuesto utilizando a menudo palabras como “siempre” y “nunca”. También resulta bastante amarga a sus oídos la comunicación indirecta, a base de insinuaciones y sarcasmo, sin decir las cosas claramente.  
Hacerle reproches. Porque no te entiende, porque consideras que se equivoca o no es lo bastante cariñoso según tu criterio. O por algo que hizo o dejó de hacer meses atrás y que guardaste como un agravio para sacar a colación durante una discusión. Peor aún, desde luego, es cuando los reproches van acompañados de venganzas como aplicarle un “tratamiento de silencio” o negarle las relaciones sexuales. 

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