Sexologa Clinica

Sexologa Clinica
Psicoterapeuta.

domingo, 17 de agosto de 2014

Sexo anal placentero

Existen evidencias de que las parejas heterosexuales han practicado el coito anal al menos desde el siglo primero de nuestra era. No obstante, existen personas que rechazan ese tipo de relación por cuestiones ideológicas o por relacionarla a la homosexualidad.

Aproximadamente el 10 por ciento de los hombres y de las mujeres mayores tienen una experiencia habitual con el coito anal. Otro 10 por ciento tienen experiencias accidentales con el coito anal. Entre estos, el 43 por ciento de los casos ocurre bajo los efectos del alcohol o algún tóxico distinto. Algunos estudios afirman que existen mujeres que tienen siete veces más experiencia en el coito anal que algunos hombres homosexuales. Y parece probado que las mujeres urbanas con bajos ingresos suelen tener una experiencia con el coito anal (entre el 9 y el 38 por ciento) superior al de las universitarias (12 por ciento).

Parece que el coito anal resulta más atractivo para los hombres que para las mujeres, probablemente, a los hombres les seduce el aspecto animal de ese tipo de encuentro, además de que el esfínter anal, más cerrado que la vagina, les proporcione sensaciones más intensas.

Lo que les hace rechazar esta práctica a las mujeres es el temor al dolor y los aspectos higiénicos de la actividad.

Para practicar el sexo anal debe existir previamente un convencimiento de que se trata de una actividad sexual perfectamente normal entre personas que llegan al acuerdo mutuo de realizarla. Y sólo en ese contexto puede proponerse al otro. Como novedad, como curiosidad o como algo a repetir con la frecuencia que se desee. Y la única manera de hacerlo es diciéndolo directamente.

Una vez llegados al acuerdo, debe plantearse hacerse con el mayor confort posible para ambos sexos.


Higiene

La higiene debe cuidarse siempre. El ano debe estar limpio (agua y jabón es suficiente) y también conviene que lo esté el recto (para lo que se requiere defecar antes de practicar el sexo anal o ponerse un enema de limpieza).

El dolor en el coito anal puede producirse porque se contrae de forma refleja al tocarlo y si se sigue presionando, duele. Para evitarlo conviene acostumbrar al esfínter anal al estímulo con caricias, con la introducción suave de algún dedo, o de dos. Cuando esas cosas se puedan hacer sin problemas (y la costumbre suele romper todos los obstáculos iniciales posibles), entonces se puede pensar en introducir el pene.

Quien va a ser penetrado/a debe intentar relajar voluntariamente el ano para facilitar la penetración. Cuando el pene pueda introducirse con comodidad, entonces podrán realizarse los movimientos del coito; al principio con lentitud, para después adoptar el ritmo que te resulte mejor. Aunque las acometidas no deben realizarse con brusquedad; y no siempre a la misma velocidad empleada en la vagina. La suavidad es la clave del buen sexo anal.


Posturas

Existen varias posturas en las que realizar sexo anal. Por detrás, puede hacerse en la posición 'del perrito', tendidos los dos de lado en la cama, o ella tendida boca abajo y él encima (requiere por parte de ella que eleve sus nalgas un poco y por parte de él que no descanse el peso de su cuerpo sobre el de ella). Por delante, puede hacerse con ella sentada sobre él (bien acostados o sentados en una silla), o en la tradicional posición 'del misionero'.

El coito anal produce extrañas sensaciones agradables a la mujer, pues el ano contiene numerosas terminaciones nerviosas que pueden erotizarse, pero no la conducen al orgasmo.

Para que las mujeres alcancen el orgasmo con el sexo anal debe añadirse estimulación al clítoris. Es decir, que mientras se practica el sexo anal ellas deben masturbarse para lograr el orgasmo. También puede hacerlo él. Pero le resultará difícil coordinar sus movimientos con los de sus dedos sobre el clítoris, lo que no garantiza mucho el orgasmo femenino.


Orgasmos intensos

Eso sí, muchas mujeres describen los orgasmos obtenidos de esta manera como muy intensos. El hecho de que el pene interfiera las contracciones del esfínter del ano durante el orgasmo puede ocasionar que estas resulten más intensas de lo habitual y sean vividas como muy placenteras.

Al finalizar el coito anal la extracción del pene debe realizarse con la misma suavidad que la penetración.

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