Sexologa Clinica

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Psicoterapeuta.

martes, 1 de abril de 2014

Sexualidad de la mujer a los 40

Si hay algo claro es que la historia de la sexualidad femenina se desarrolló, mutó y alcanzó límites insospechados, siempre signada por un marco histórico que pinceló su impronta sobre el tipo de rol y mirada  de cada época.
Si hablamos de lo más significativo, José Luis Rodríguez, médico psicoterapeuta, especialista en sexología clínica y docente universitario de la UNC  apunta: “lo más importante fue el cambio ocurrido a mediados del siglo XX. Hasta ese momento la sexualidad femenina quedaba -en la mayor parte de los casos-  reducida a dos posibilidades: las ‘buenas mujeres’ o las ‘nuestras’ con las que se tenían relaciones para tener hijos, o para satisfacer a las necesidades del marido, ya que se consideraba que la mujer no tenía impulsos ni deseos sexuales. Una idea que se ve reflejada en una extensa bibliografía ginecológica que data de 1918, en donde pueden encontrarse frases que proyectaban la idea de que cualquier mujer joven que presentara deseos o fantasías sexuales, tenía una patología mental. Sin embargo, la guerra modificaría más tarde esa percepción”.
Los dobles mensajes no fueron nunca privativos de una sola época. También por entonces  la ambigüedad de discurso sobre la moral existía, y en ese marco, la figura de “las otras clases de mujeres” se vinculó hacia aquellas que tenían relaciones por placer, consideradas como mujeres de vida fácil con las que no se tenían hijos, y con quienes la posibilidad de casarse ni siquiera se analizaba.
Sin duda, el punto de inflexión se produjo al término de la Segunda Guerra Mundial. A  partir de allí comenzaron a producirse hechos que provocaron un profundo cambio en el rol social de la mujer. No era para menos. La agria realidad bélica generó que ellas salieran masivamente de su hogar para trabajar, algo que hasta el momento muy pocas mujeres hacían. Entonces tener un salario y contar con una remuneración por ese trabajo, las liberó de la dependencia económica masculina, descubriéndolas en nuevos espacios en todos los ámbitos laborales.
lo más importante fue el cambio ocurrido a mediados del siglo XX. Hasta ese momento la sexualidad femenina quedaba -en la mayor parte de los casos-  reducida a dos posibilidades: las ‘buenas mujeres’ o las ‘nuestras’ con las que se tenían relaciones para tener hijos, o para satisfacer a las necesidades del marido".
A un prolífico abanico de cambios en la vida femenina se sumó otro hecho no menos importante que sentó precedente en lo que a libertades refiere: a mediados de los ‘60 se descubrió y se comenzó a popularizar la anticoncepción hormonal. Entonces la famosa  “píldora” logró otro cimbronazo que hizo ruido. “Por primera vez en la historia de la humanidad la mujer tuvo en sus manos la posibilidad de decidir por ella misma si quería o no quedar embarazada. Este fue un cambio importantísimo ya que hasta entonces era decisión del hombre utilizar o no preservativo o retirarse en el momento de la eyaculación. Todo esto desembocaría en la llamada ‘revolución sexual’ de los ‘70, un período en el que la mujer tuvo una etapa de articulación importante en el descubrimiento de su propia sexualidad, su posibilidad y su derecho al placer, con todo lo que ello implicaría como paso”, contó Rodríguez.
Jóvenes y madurasUna verdad que en términos generales se construye desde cada testimonio especializado, es que la década de los cuarentas es hoy para las mujeres el equilibrio perfecto en el que se asumen desprejuiciadas, con menos probabilidades de vivir obsesionadas con la apariencia o el peso,  preocupaciones que minaban su confianza y les impedían divertirse cuando eran adolescentes o más jóvenes.
Mujeres más seguras de sí, sin miedo a vivir con plenitud su sexualidad o preparadas para  buscar lo que necesitan para satisfacerla. Beatriz Goldberg, psicóloga clínica bonaerense, autora de “Mujeres en cambio, la segunda adolescencia”, explica: “La década de los 40 representa  una segunda adolescencia. No en un sentido literal del término en cuanto a lo físico o lo actitudinal, si bien no tenemos el cuerpo de nuestra adolescencia, sí contamos con una vitalidad, un cambio hormonal y una necesidad de mirarnos a nosotras mismas desde otro lugar, como nunca antes tuvimos. Entonces vemos que hay un resurgimiento de necesidades que van desde la sexualidad misma, hasta poder comenzar una carrera o un proyecto personal dejado en el tintero. La mujer logra su lifting natural a los 40, cuando modifica lo que puede cambiar, y acepta aquello que no, sin ningún prejuicio, parada desde la seguridad de una década que la encuentra en la plenitud del ser mujer. Entonces, la sexualidad que en otros momentos le pudo haber causado problemas por inhibición, falta de experiencia o inseguridad es una de las fases que explora de una manera vital”.
Desde este lugar las piezas del engranaje descubren a la sexualidad como un todo integral. El concepto entonces excede los aspectos reproductivos e involucra las relaciones afectivas y las placenteras. Los 40 se transforman en la etapa ideal para descubrirlo. “Somos una especie sexuada que tiene relaciones fuera de sus ciclos reproductivos, en edades no reproductivas y muchas veces -la mayoría- evitando la reproducción. Entonces, si pensamos que la sexualidad se va construyendo a lo largo de la vida, en lo personal y en la relación de la pareja, con el tiempo tiende a mejorar”, explicó el sexólogo.
La década de los 40 representa  una segunda adolescencia. No en un sentido literal del término en cuanto a lo físico o lo actitudinal, si bien no tenemos el cuerpo de nuestra adolescencia, sí contamos con una vitalidad, un cambio hormonal y una necesidad de mirarnos a nosotras mismas desde otro lugar, como nunca antes tuvimos.
Es por eso que en una mujer joven su inexperiencia, el desconocimiento de su propio cuerpo y la falta de confianza en sí misma, atentan frente a esa “plenitud” sexual. Mientras que en una mujer mayor, son  justamente  esos factores los que la favorecen, su experiencia, conocimiento y confianza. Obviamente  y según precisó el sexólogo “es arriesgado hacer generalizaciones, ya que existen muchas jóvenes con una vida sexual enriquecedora y positiva, y mujeres mayores con un profundo rechazo hacia todo lo sexual”.
Aquí la influencia de lo social va a ser determinante y se va a ver en la crianza que esa mujer recibió, los mensajes positivos o negativos respecto de la sexualidad, sus experiencias que podrán haber sido de inseguridad, miedo, violencia o negación.
Plenas y sexuales¿Cómo podríamos definir la plenitud sexual? ¿Una manera de relación pasional contínua de encuentros que se fundamentan desde la calidad o cantidad de los mismos? ¿La forma en que nos relacionamos con el sexo opuesto y nuestra mirada frente a ese encuentro?
Las preguntas y respuestas son tan diversas y únicas como personas existen. Pero luego del ímpetu de las primeras relaciones sexuales y su exploración y aprendizaje, la plenitud conlleva algo mucho más intenso para una mujer de cuarenta.
Quizá la definición que más se aproxima sea la de la vivencia de una sexualidad placentera, vinculada a una relación afectiva, en un contexto positivo, que se convierte en enriquecedora y en un  factor elemental de crecimiento personal. Un sentimiento íntimo de autovaloración, respeto y cuidado en una relación con uno y con el otro. “Vale en este punto mencionar que también el autoerotismo es una manifestación de esa posibilidad de experimentar el placer del propio cuerpo -sostiene Rodríguez-, tema que aunque silenciado culturalmente, también está presente en la mujer y es una manifestación válida y positiva de la sexualidad aunque sea en solitario. Si no sabemos cómo estamos hechos, no vamos a saber cómo funcionamos, y sin saber cómo funcionamos difícilmente vamos a actuar bien en la relación con el otro”.
Pero también existen desde el otro lado, realidades que determinadas por el contexto no lograron nunca esa nueva apertura sexual debido a la influencia cultural en los aspectos sociales. Muchas son las mujeres que viven esta etapa de su vida como un  período de cierre. Las causas en estos casos tienen que ver con que la figura femenina logró vincularse solamente con los aspectos reproductivos de la sexualidad, y al cesar la reproducción producto de la menopausia, siente que toda su vida activa a nivel físico caducó. El fantasma de un embarazo no deseado, es otro de los temores que se filtró por esa intimidad y que logró impedirle libertad para vivir el disfrute.
Muchas son las mujeres que viven esta etapa de su vida como un  período de cierre. Las causas en estos casos tienen que ver con que la figura femenina logró vincularse solamente con los aspectos reproductivos de la sexualidad.
¿Entonces cuál sería el secreto de esa sexualidad plena de los 40? “Lógicamente un buen estado de salud es importante, pero si la actitud es positiva vamos aprendiendo que somos sexuados desde que nacemos hasta que morimos y que siempre habrá manifestaciones de esa sexualidad. Pero no todo es color de rosas, muchas veces escuchamos mujeres que se sienten asustadas o inhibidas de expresar sus deseos por el ‘qué dirán’. En una sociedad que hace culto de la juventud y del cuerpo joven, la mujer mayor llega a sentirse fuera de esa ‘carrera’ y teme ser descalificada, y esto no es así”, opinó José Luis.
Así, con ese mensaje y la exaltación de un cuerpo joven y perfecto que en la realidad difícilmente existe, la transmisión de que los deseos sexuales por encima de la adolescencia están mal, mellan la necesidad de sentirse plenos en la sexualidad.  Si logramos discriminar esto, sumamos otro factor que va a favorecer el disfrute para una sexualidad plena con todo el valor que esa palabra implica.

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