Sexologa Clinica

Sexologa Clinica
Psicoterapeuta.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Consigue que tu chica sienta múltiple orgasmo y alcance la eyaculacion





¿Alguna vez teniendo relaciones sexuales sola o acompañada has tenido la sensación de querer hacer pis en ese mismo momento? Tras las relaciones eróticas ¿recuerdas alguna mancha en las sábanas que no has sabido reconocer por cómo olía? Te puedes quedar tranquila, ¡has eyaculado! El desconocimiento sobre la eyaculación femenina es tal, que muchas mujeres han vivido estas experiencias y les ha dado vergüenza o miedo compartir lo que les pasaba. Muchas al hacerlo con sus amigas, se dieron cuenta que no eran las únicas. Todavía hoy nos seguimos preguntando: ¿de dónde viene este líquido? ¿es o no es pis? ¿por qué se produce? ¿qué relación existe entre las ganas de hacer pis y eyacular?

sábado, 12 de mayo de 2018

La época en que todos lo hacemos difícil.







jueves, 26 de abril de 2018

No seas el rollo de una noche. Se inolvidable para ella (Corrección del ...







No sea el rollo de una noche. Aprende a conquistar y dejar huella para s...







domingo, 22 de abril de 2018

Fobias a practicar Coito Anal... supéralo y disfruta sin miedos.




Considerado por muchos como un tema peliagudo, la penetración anal puede resultar muy placentera si se siguen unas precauciones de salud e higiene.
El sexo anal es una práctica sexual muy común en las relaciones de pareja pero considerada como un tema tabú por muchas personas, incluidos algunos de los que la practican. Tanto si se lleva a cabo en un momento esporádico como no, el sexo anal trae consigo la certeza de vivir una experiencia de lo más excitante con tu compañero de juegos.
Esta práctica sexual es totalmente apta para mujeres y hombres, ya sean estos homosexuales o heterosexuales. Liberándose uno de los posibles prejuicios que puedan surgir al pensar siquiera en el tema, es muy importante encontrarse cómodo cuando la decisión ha sido probar el sexo anal. Además, la complicidad que se tenga con la pareja juega un papel muy importante así que las dos personas que se incluyan en el juego han de estar completamente de acuerdo con la práctica y con los preliminares necesarios para llevarla a cabo.
Puesto que el orificio anal no está preparado para el sexo, es muy importante estimular la zona y también tener especial cuidado con ella para evitar lesiones o daños. A continuación, Bekia te explica detalladamente cuáles son las precauciones que has de tener en cuenta si has decidido practicar el sexo anal y también te ofrece detalles de cómo hacer de esta una experiencia más que placentera.

Huye de las sorpresas desagradables

Si aunque has decidido llevar a cabo esta práctica sexual con tu pareja, te posicionas en contra de la coprofagia, entonces lo más aconsejable es que te asegures de que tú o tu compañero llevéis a cabo una limpieza anal con el fin de evitar sufrir experiencias desagradables. Mantener la higiene rectal es fundamental y no solo porque así huirás de encontrarte en una situación poco excitante sino porque también evitarás enfermedades infecciosas.
Antes de practicar el sexo anal es importante llevar a cabo una limpieza anal
Antes de practicar el sexo anal es importante llevar a cabo una limpieza anal
Lo más recomendable para llevar a cabo este paso es recurrir a una lavativa o al uso de un enema cuya función es garantizar la limpieza total del recto y eliminar cualquier resto. El uso de este método consiste en "bombear" agua tibia en el interior del ano con la ayuda de una pequeña bomba con boquilla incorporada. Tómate tu tiempo, lubrica bien la zona para introducir el enema y en poco más de 5 minutos habrás acabado y estarás listo/a.

Estimula y lubrica la zona

Algo que juega un papel muy importante en la práctica del sexo anal es la lubricación y la dilatación de la zona. Si este paso se salta, se corre el riesgo de sufrir una fisura o un desgarro anal que provocará un dolor que persistirá a lo largo de varios días e incluso semanas. Queriendo evitar esto e igual que como puede suceder con el sexo vaginal, la zona a penetrar debe de estar lubricada (artificialmente) y dilatada.
Para conseguir que la penetración sea placentera y no resulte dolorosa, lo ideal es ayudarse de lubricantes comprados en tiendas especializadas o bien naturales. En caso de optar por un lubricante natural, es importante cerciorarse de que ninguno de los participantes presente alergias a alguno de sus ingredientes. Por otro lado, y una vez lubricado bien el ano, estimularlo con los dedos, la lengua o algún juguete sexual será lo más acertado. De esta forma y uniendo estas dos indicaciones, la penetración irá como la seda.
A la hora de practicar el sexo anal es esencial llevar protección
A la hora de practicar el sexo anal es esencial llevar protección

Usa siempre protección

En el caso de que te guste llevar a cabo esta práctica sexual con gente desconocida y aunque sepas que no puedes quedarte embarazada si eres mujer y la practicas, has de saber que con el sexo anal también puedes contagiarte de enfermedades de transmisión sexual (ETS). Tanto si eres hombre o mujer, la protección es indispensable y con ella lograrás que la práctica sexual anal resulte segura tanto para ti como para tu compañero.
Puesto que el preservativo, en este caso, es el único método de protección contra las enfermedades de transmisión sexual, lo ideal sería que si se va a llevar a cabo una penetración fálica, la persona en cuestión se lo pusiese. Si por el contrario, lo que vais a usar van a ser juguetes sexuales y aunque sepáis que con ellos es imposible contagiarse de ninguna ETS, lo cierto es que aún así se recomienda el uso del preservativo ya que así protegeremos el ano de suciedad o bacterias.

Relajación y cuidado

Otro aspecto fundamental a la hora de empezar a penetrar analmente o a ser penetrado, es que ambas personas estén relajadas. La relajación juega un papel muy importante ya que si uno se encuentra nervioso antes de ser penetrado o durante, el reflejo natural del cuerpo será el de tensar los músculos, incluidos los músculos del ano. Es por ello que la relajación es fundamental y para conseguirla será de vital ayuda la de empezar la práctica con suavidad.
Antes de penetrar analmente a tu pareja, has de saber que el sexo anal no funciona igual que el vaginal. La vagina es un músculo que está preparado por naturaleza para la penetración mientras que el ano no. Lo recomendable es que en el sexo anal, quien penetre a la otra persona lo tendrá que hacer con mucho cuidado y sin movimientos bruscos. Un ritmo lento resultará más placentero y evitará que quien está siendo penetrado sufra de molestias o dolor.

¿Qué hacer si algo ha ido mal?

A veces puede ocurrir que aunque hayas tomado todas las precauciones e indicaciones posibles, haya sucedido un percance. Si esto es así, no te preocupes, respira y analiza la situación. En el caso de que el enema no haya cumplido al 100% con su función, lo ideal es parar la penetración y apresurarse en limpiarse. Los residuos fecales pueden provocar infecciones muy graves así que nada más te des cuenta de que algo va mal, no sigas y límpiate. Una vez hecho esto e higienizado de nuevo la zona, podrás volver a la acción.
Si el percance ocurrido ha provocado algún daño o lesión, detente y cesa la actividad sexual. Puede que la penetración sea lo que te ha causado el dolor así que este tendría que remitir cuando esta cesara pero, si por el contrario sigues sintiendo dolor, acude a tu centro de salud más cercano y ex ponle a tu médico la situación.

miércoles, 18 de abril de 2018

Como evitar las discusiones con tu pareja y mejorar tu relación.



Dime cómo discutes y te diré cuánto durará tu pareja

¿Qué pasaría si estudiaras las peleas conyugales y vieras las emociones -negativas y positivas- que afloran después de cada reproche? Hay reacciones que pueden garantizar el éxito o fracaso de una relación. Te contamos cuáles son y cómo hacer para que tengas más ventajas al utilizarlas.    
¿De qué tratan las discusiones diarias con tu pareja? Qué canal de televisión mirar, quién saca al perro, cuál de los dos va a buscar a los chicos, quién lava los platos... Hay temas de pelea tontos y comunes a todos. Pero, ¿qué sucedería si durante esa discusión ambos se midieran la frecuencia cardíaca, el sudor y las posiciones del cuerpo? ¿Y si se grabaran, se escucharan y estudiaran cómo repercuten esas emociones en cada uno? La discusión ya no sería una más, como la de todos los días, y los resultados definirían el tiempo que durará la relación. 
El poder del desprecio
El inventor del "laboratorio del amor" estudió y profundizó las reacciones de cada individuo y clasificó aquellas que son decisivas en provocar las rupturas entre las parejas. Las dividió en cuatro tipos: la defensiva, la crítica, la obstruccionista (quien trata de impedir o dificultar el desarrollo normal de un proceso) y la despectiva. Y es esta emoción, el desprecio, la responsable del mayor número de separaciones. Ser despectivo no es solo criticar, es mucho más. Es responder desde un lugar de superioridad, lo que hace disminuir al otro como persona hasta hacerlo sentir excluido.
Es la reacción que resulta más dolorosa para la otra persona. Incluso, afecta a nuestro sistema inmunológico y nos hace más propensos a enfermarnos, tener resfríos, o dolores en el cuerpo. El desprecio es una respuesta de "jerarquía" y no siempre es generada en forma agresiva. Puede esconderse en comentarios sutiles cómo: "Sí, sí… ¿y vos qué sabes?", frase que a todos nos resulta conocida.
Ante un problema y posterior discusión las mujeres tienden más a reaccionar con la crítica y los hombres al obstruccionismo. Pero en lo que se refiere al desprecio, parece que no hay diferencia de géneros.

La fórmula para discutir
Si queremos que nuestra pareja perdure en el tiempo hay que ser honestos con lo que sentimos y hacemos. Nuestras emociones muchas veces son sutiles, pero las exteriorizamos (conscientemente o no) y la otra persona las percibe.
Por lo tanto, después de una discusión - y con los nervios más calmados- Gottman recomienda conversar con la pareja no tanto del problema, sino de las emociones que había detrás de ésta. Lo que hicimos sentir al otro con lo que dijimos, y lo que el otro nos hizo sentir a nosotros.
Es importante evitar el desprecio. Luego de la conversación es interesante identificar si en algún momento la otra persona utilizó palabras despectivas e hirientes, o si lo hicimos nosotros.

Una buena receta
Si queremos que nuestra relación de pareja perdure en el tiempo, tenemos un buen margen de maniobra. Se basa en cómo hacemos sentir al otro con lo que decimos o, mejor aún, con lo que expresamos sin que seamos necesariamente conscientes de ello.
Ante esto, Gottman da un consejo para los momentos de discusión: hagamos sentir importante al otro. Aún en los enfrentamientos, debemos saber expresar reconocimiento sincero a la otra persona. En la pelea tiene que haber reproches y pedidos de justificaciones, pero además debe haber halagos hacia la pareja. Él sugiere una ecuación entre emociones positivas y negativas que dé como resultado cinco a una: por cada cinco críticas, se aconseja dar una caricia o mimo.

martes, 17 de abril de 2018

Sexo verbal

No es ningún secreto a estas alturas: nada empieza por el Punto G. Las palabras pueden ser caricias tan placenteras que hay quienes afirman que el sexo verbal puede ser aún mejor que el otro, ese del que todos hablan, el sexo oral.
El lugar queda un poco más arriba de todo lo demás. Del Punto G y la pelvis. De la cintura y el coxis. Del cuello y la boca. Pero es tan importante como todo lo demás. En realidad no es un lugar sino un sentido, el del oído. Allí, algunos, empiezan a hacer el amor antes de empezarlo a hacer. Allí, algunos, estimulados por lenguas no necesariamente cercanas, experimentan placeres suficientes como para hacer temblar el resto del inventario.Es el poder de la palabra en medio del acto sexual. Los especialistas tienen un nombre simple para todo eso: sexo verbal. Sus practicantes, una sentencia complicada de entender para quienes aún no se hayan dejado caer: puede ser incluso mejor que el sexo oral.La dificultad está en su misma sencillez. Porque todos pueden decir cosas en la cama, pero en la cama no se puede decir cualquier cosa. Algunas palabras, lanzadas como dardos de encendida pasión, pueden ser recibidas como témpanos de hielo. La línea que divide la estimulación erótica del insulto ramplón, es tan delgada que en muchos casos la aventura puede terminar en hipotermia. Un así, perra, es uno de los ejemplos más frecuentes de la forma en que un término de lujuriosa intención puede convertirse en grosería imperdonable si la pareja no está en la misma sintonía. Así que si usted es novato en el asunto y quiere correr el riesgo sin haber tanteado el terreno, no está de más que cuando se decida a hablar sucio tenga a mano una cobija bajo la cama. Hoy en día, con las facilidades de acceso pornográfico que permite la tecnología, muchas personas caen en el error de hablar de una forma que creen sexy cuando no lo es. Uno tiene que hablar lo que siente verdaderamente. Existen personas que se excitan mucho con las palabras, hablando o escuchando, y otras que no. Es un tema de negociación y acuerdo con la pareja. Y lo más importante es que se haga genuinamente y no por haberlo visto en una película o porque alguien lo recomendó. Hablar mientras se hace el amor debe ser algo que nace. Es común que al principio, en el sexo verbal, haya algún desencuentro. Que a uno le guste y al otro no. Que en el uno surta efecto y en el otro no. Por eso lo que ella recomienda es un juego previo: Antes de llegar a la cama es interesante, por ejemplo, pensar en personajes, darse el permiso de asumir un rol distinto para el sexo: yo soy la Mata Hari y tú eres un hombre que me encontré en la calle. Lo que pasa es que muchas veces uno tiene toda una actitud seria, distinta, callada y de pronto está en la cama en otro estado y se asustan. Por eso es importante la preparación, empezar a subir el tono de las palabras en los preliminares para ahuyentar el miedo. Todo en la cama es válido siempre y cuando los dos estén de acuerdo y sientan placer. Porque tampoco sirve estar de acuerdo si aquello es una tortura. Si ambos disfrutan, todo es válido.A pesar de ese pase libre que permite el placer consensuado, el psicólogo clínico y sexólogo Fernando Calero de la Pava cree que debe existir una suerte de manual de las buenas maneras para hablar sucio. En el primer lugar de su lista está no decir palabrotas hasta que no haya un alto nivel de confianza. De lo contrario, puede pasar que el así, perra en menos de lo que dura un jadeo, termine transformándose en un así, no idiota.No es lo mismo decir te voy a hacer ser sentir muy rico, en vez de te voy a comer. En el acto sexual, poseídos por el deseo, vale todo. Pero para llegar hasta ahí hay que recorrer un camino que puede no empezar si lo primero que se dice es una obscenidad. por eso es vital estar alerta a las señales. Las mentes, cuando están en el acto sexual, tienen que estar muy despiertas para ver cosas así. No es tan cierto que a todos les guste hablar sucio. Es como el erotismo, que tiene tendencias: uno muy explícito como el del Marqués de Sade y otro, de solo sensualidad. Para mí, y creo que para muchas mujeres, es perfecto el equilibrio entre lo terrenal y lo mundano, una mezcla de hombre cansado y el que no puede dejar de elogiar el cuerpo que ve.Aunque no cree que sea necesario un protocolo, soy partidaria de tener en cuenta algunas cosas. Una de ellas, no exagerar: En el sexo no cabe tanta honestidad. No es ser hipócritas, sino que a veces a las verdades hay que ponerles un barniz de azúcar para que sean un motivador. Lo que potencializa el deseo y las ganas es que mi compañero se sienta deseado, atractivo, que lo hace bien. Y eso es mejor decirlo sin exagerar porque por meterse en el lenguaje sexual hay personas que se sobreactúan. Lo que se busca es decirle: me encanta como lo haces, me fascina como te mueves. Algo sencillo pero muy potente que cada quien irá descubriendo. El lenguaje erótico es una construcción individual. Cuando hablas en la cama funciona igual que en otra parte, lo que haces es proyectar imágenes y según cómo lo digas eso sube de nivel: el tono, más el gemido y la respiración, todo suma. Las mujeres somos muy de oído. Nos encanta que nos digan, que nos hablen, que nos celebren el cuerpo, que nos elogien así la gravedad esté haciendo de las suyas. Los hombres son más visuales. Como en todo lo demás que ocurre en la cama, el sexo verbal no tiene fórmulas ni secretos. O bueno, solo uno. El mismo que aplica para todo: pensar antes de hablar. Y si el afán o las ganas o la falta de tiempo no dan espera y es imposible contener la lengua, tener una cobija junto a la almohada no está de más.